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marzo 13, 2010

EL ONCE EME


Tenía veinte y tres años, mucha vida por delante
el destino quiso que su vida acabara antes
Ese día que todos recordamos como atroz
Fue el último para nuestro amigo, me quedé sin voz
Nunca sabremos porqué ocurrió
gente extraña puso bombas y nos lo arrebató
Nos sentimos indignados por lo que aquel día pasó
no entendemos que haya gente que mate por religión
Persona que iban en esos trenes vivieron todo el horror
muchos murieron y otros no olvidarán nunca tanto dolor.
Algunos quedaron dañados, no se recuperarán jamás
nosotros no hemos olvidado, el daño que no se reparará
vivimos con miedo en un mundo con maldad
pues muchos somos buenos, a nadie hay que matar
Unos gritan que paren, para volver a andar
los que hemos perdido a alguien por algo que no entendemos
seguiremos adelante, y en nuestros corazones los llevaremos.
Pero nunca olvidaremos aquella catástrofe y la gente del tren
Que mataron y dañaron aquel día sin saber muy bien porqué.

EN RECUERDO DE TODAS LAS VICTIMAS DEL 11M Y EN ESPECIAL A OSCAR.
FOTO DEL BLOG DE ANGELINA GOMEZ RUEDA.

marzo 11, 2010

ENTRE DOS MUNDOS SEGUNDA PARTE


En su despacho, triste y desesperado, empezó a llorar como un niño. Sus lágrimas no paraban de salir de los ojos resbalando por sus mejillas encendidas por la rabia, la angustia y la impotencia que sentía ante tal situación.
¿Cómo podía hacer para que nadie saliera herido? Parecía imposible, pues en esos casos siempre sufre alguien, pero tenía que armarse de valor, ser fuerte por una vez en su vida, ya que siempre había estado huyendo de todo y de todos. Eso se terminó. Debía ser fuerte disfrutar y decirle al mundo quien era. Eso es lo que iba hacer. Esa misma noche lo haría.
Algo dentro de él cambió y como si se hubiese quitado un peso de encima, la culpa desapareció por un instante, se sentía más libre, después del valor que había sacado de no se sabe donde, ahora quedaba lo peor decírselo a ella.

Allí estaba él, sentado en su sofá preferido, mirando al vacío esperando que su mujer, a la que iba a destrozar la vida, entrara por la puerta lo antes posible, mucho antes de que se arrepintiera, pues no estaba nada seguro de lo que iba hacer.
por fin entro. Siempre sonreía, deseando llegar a casa para estar con su adorado marido. Ajena a todo.
El la miró con los ojos rojos por el llanto, y ella le devolvió la mirada, su rostro cambió de repente y la sonrisa con la que había entrado se disipó para siempre.

Sus lágrimas escocían en sus ojos, su corazón estaba roto cuando le vio cruzar esa puerta con las maletas que tantas veces ella le había preparado, se llevó con él su alma entera.
Intentando asimilar todo lo que le había contado, no podía, le dolía el estomago, no podía ver con claridad, estaba confusa y triste, pero sobretodo, enfurecida, le había estado engañando todos estos años, realmente no le conocía y eso la desconcertaba.
Se había quedado sola, no sabía estar así. Le había perdido para siempre.
Retumbaban en su cabeza las frases, que mientras la miraba a los ojos ella escuchaba con horror, con dolor, perpleja por lo que estaba oyendo.
El estaba enamorado de otra persona, le era infiel con otro hombre, palabras que quemaron, como el fuego quema un bosque. Cuando las escucho se quedó petrificada mirándole con incredulidad, rabia, odio y rencor. Sentimientos que hacia él nunca había sentido. Se le nublaba la vista, desapareció en ella, todo atisbo de cordura, corriendo, sin saber lo que hacia, cogió el primer bote de pastillas que encontró.

Mientras en otro lugar se encontraban ellos, abrazados como dos adolescentes, experimentando por primera vez, su amor libre juntos, sin ataduras, sin saber que la culpa jamás desaparecería de sus vidas.

marzo 07, 2010

ENTRE DOS MUNDOS


Sus manos recorrían su cuerpo sólo como él sabía. Terminaron de hacer el amor, se levantó de la cama sudoroso, pensando en que no quería marcharse. Se metió en la ducha y mientras el agua templada le caía por el rostro sintió culpa, ese sentimiento que le venía cada vez que estaba en su casa.
Sonó el despertador. Era temprano. Se desperezó intentando abrir los ojos pero no podía, pues estaba demasiado cansado. Miró a su mujer, mientras ella dormía, sintiéndose, vacío, triste y amargado, por no poder vivir la vida que realmente quería y con quien deseaba.
Se vistió deprisa y salió, sin despedirse de aquella con la que habían decidido que debía estar.
No podía gritar a los cuatro vientos lo que sentía. Nadie le entendería, algo no funcionaba en él.
No podía concentrarse, estaba ensimismado en sus propios pensamientos, en su vida, en quien era.
Amaba a otra persona, no a su mujer, y esos sentimientos eran tan fuertes que levantarse cada mañana al lado de ella se le hacía insoportable. Pero no sabía que hacer, no podía destrozarle la vida. Ella si estaba enamorada de él. Seguro, de que le quería con el alma.
Sonó el telefono:
- Hola cariño
- Te he dicho que no me llames al trabajo, pero me alegra oír tu voz, estaba pensando en ti.
- Me gustaría verte esta noche, tenemos que hablar, tienes que decírselo, por tú bien y el de ella, el nuestro propio. Estás sufriendo. ¿no lo ves? Yo lo veo.
- Sí, lo sé, tengo mucho que pensar. No me agobies por favor
- Está bien, te dejo. Ya me contarás qué decides, de todas formas escápate si puedes. Un beso.
- Un beso para ti también. Hablamos.
CONTINUARÁ...

febrero 21, 2010

EL HUECO DEL AMOR


Tumbada en la cama cierra los ojos, desliza sus manos por el cuerpo, acariciándose, como lo hacía él.
Sus besos le hacían estremecer, suplicándole que no dejara de besarla nunca, que lo hiciera despacito y le susurrara al oído.
Mira al cielo y le habla, piensa que las estrellas le acompañan. Ella siempre le amará.
Busca algo que contenga su olor, sentir su aroma la reconforta, desplazándola al placer más absoluto y a la pena más absurda.
Estrecha el jersey entre sus brazos, cierra los ojos, nota su cuerpo encendido, se excita, le acaricia el pelo, se muerden los labios, recorren sus cuerpos desnudos suavemente.
Abre los ojos, humedecida, vuelve a la ventana, mirando entre las estrellas, buscando sus ojos color miel, queriendo abrazarle fuertemente, llamándole en silencio.
Se acurruca en la cama, cansada, sola, todavía oliendo a él, observando el vacía al otro lado deseando con todas sus fuerzas, llorando su ausencia, que él llenara ese hueco.

enero 19, 2010

EL DESASTRE


Estoy aquí debajo de los escombros de mi propia casa.
No se el tiempo que llevo, me escuecen los ojos, no puedo respirar bien por el polvo, tengo hambre, sed y mucho miedo.
Oigo el llanto de un niño cerca de aquí pero no puedo moverme, no puedo ayudarle, me duelen las piernas.
Alguien se acerca, los ladridos del perro retumban en mi cabeza como si de unos ángeles cantando se tratara.
Quizás vengan a rescatarnos, grito con las pocas fuerzas que me quedan, cuando me doy cuenta que no oigo llorar al niño me desespero, ahora la que llora soy yo.
Al fondo veo un rayo de luz, los nervios y la ansiedad de no poderme mover hacen que afloren en mí, la duda de que no me encuentren, estoy mareada y me desmayo.
Abro los ojos, una voz dulce me habla estoy a salvo, han logrado sacarme de entre las ruinas, me llevan lejos de allí, pero en mi cabeza no paro de oír los llantos de aquel niño que no tuvo la misma suerte que yo.

enero 01, 2010

Pedrito


Bicho gafoso de mierda! le gritó Juan a Pedrito le habían puesto esas gafas de culo de botella hacía dos días y se sentía realmente mal con ellas.
Llegó a casa llorando cuando su madre notó que algo le ocurría se preocupó.
-¿Pedrito qué te pasa?
- Juan se mete conmigo
- Cariño pronto se acostumbrará a tu nuevo aspecto, eres un buen niño esos es lo que importa.
A la mañana siguiente Pedrito fue al colegio pensando en lo que su madre le había dicho.
Por el camino se cruzó con Juan que lloraba desconsoladamente, esas gafas si que eran feas.
Se paró frente a él y le dijo:
- Juan, no te preocupes lo importante es que seas un buen niño.

LA CULPA


Ni subido a una escalera conseguiría besarte. Marcelo pensaba con tristeza. Azucena se había ido llorando. Se estaba comportando como un auténtico cretino. Se pasó la noche en vela, la culpa le corrompía el alma. quería salir a buscarla pero sus piernas no le respondían. Decidido a no perderla se armó de valor, su rostro ojeroso se reflejaba en el espejo, mientras se lavaba la cara, las gotas le caian por las mejillas confundiéndose con las lágrimas, y pensó en la posibilidad... No podía ser tan malo. La magía de verle crecer, sería el mejor padre del mundo. Se le iluminaron los ojos y la culpa desapareció.