La verdad es que hoy he pasado el día más horrible de toda mi existencia. Esta mañana me he levantado tan tranquila, me ducho con agua calentita, pues a esas horas hace frío. Miro a Raúl desde los pies de la cama y me enternece verle dormido como un bebé. Me visto deprisa y salgo de casa para ir a trabajar, eso un día normal, cuando llego todo es un caos, pero no va conmigo. No es que, no me influyan las desgracias de los demás, pero con este trabajo que yo tengo, hay que aprender a desconectar.
Sigo con mis cosas cuando de repente por el megáfono oigo mi nombre. Que me presente cuanto antes en recepción. Algo pasa, pienso, algo malo, pues no es normal que a uno le llamen para presentarse urgentemente, a no ser que se haya cometido un error grave, o algo peor. Llego con el corazón en un puño, colorada como un tomate por el carrerón que me he pegado, sudando como un pollo, y con la carne de gallina, por el temor a lo que no se.
Mi madre está en el mostrador apoyada, con las manos tapando su cara. Nerviosa e inquieta, quizás esperando a que yo llegue de una vez.
Cuando me ve, se sobrecoge aún más, llorando desconsolada, me abraza con fuerza, no entiendo lo que me dice entre sollozos, la tranquilizo y la miro fijamente a los ojos llorosos y rojos hinchados por el llanto.
Sólo mirarla se que ha ocurrido algo. Y también se a quién. Me dice cuando se calma un poco, que mi padre está en la UVI, una angina de pecho le ha roto por dentro, el dolor era tan grande que sentía como su pecho podía salirse de su cuerpo.
Yo asustada, he ido a verle enseguida. Cuando entro en la habitación llena de aparatos, para controlar su estado, le miro, él también lleno de tubos pero consciente, me mira. Intenta sonreír y lo consigue, yo le devuelvo la sonrisa, aunque por dentro esté desarmada, vacía, asustada y deseando que termine el día para despertar de esta pesadilla. Me acerco a su cama, le cojo la mano y se la beso, él me aprieta fuerte todavía le quedan fuerzas y con sus ganas de vivir seguro que sale de esta.
Le dejo descansar una enfermera me echa de la habitación, cosa que entiendo y me voy, no sin antes mirarle y decirle con mis ojos tristes, casi llorosos, pero no del todo para no asustarle más, que va a salir bien, que dentro de poco estará comiendo como a él le gusta, disfrutando de su mujer y de sus dos hijos, llenando de vida todos los lugares por donde pasa y gozando de todo como solo él sabe. Ahora estoy en mi sofá con una taza calentita de té, antes de irme a la cama, llamaré a Raúl, necesito oír su voz.
Hoy me he levantado extraña. Iba por el hospital como flotando. Veo sus ojos negros como el carbón, por todas partes, su pelo alborotado se acomoda en mi retina hasta nublarme la visión. Sus labios los siento junto a los míos. El estado de mi concentración en el trabajo ha sido mínimo, estaba en otra cosa, obsesionada por lo que soñé anoche. Ha sido tan real que me da miedo, le he tenido tan cerca que me corta la respiración y me nubla la razón. Si no supiera a ciencia cierta que ha sido un sueño, algo irreal, diría que es algo que ya he vivido.
Su colonia invade mis fosas nasales.Y el sentido de culpa se acopla en mi alma, dejando desolación en mi corazón. Ni siquiera se quien es el chico con el que he soñado, pero le tengo aquí presente en mi cabeza, a cada instante pienso en él. Yo quiero pero no puedo, él me agarra y me besa, su lengua juega con la mía, sus labios se funden con los míos. Pero yo me aparto y me separo de sus brazos fuertes como rocas. A mi espalda está su cuerpo inmóvil, mirándome con sus ojos negros, clavándolos en mi espalda, sin decir nada, respirando entrecortado, con pasión, con deseo. Noto como se mueve hacia mi, noto como se acerca, su calor rodea mi cuerpo, me coge del brazo y me da la vuelta, vuelve a besar mis labios, yo quiero pero no puedo. Me levanta en brazos llevándome a su cama, allí dejo que mi cuerpo sea amado, acariciado besado tocado y penetrado, flotamos y aparecemos en el suelo.
Me despierto, cachonda perdida, exhausta, no se donde estoy, me he caído de mi cama. Ahora recuerdo la sensación de mirar a Raul desde el suelo, desconcertada, culpable, queriendo volver a conciliar el sueño para ver sus ojos, sentir sus manos y besar sus labios. Cuando sonó el despertados a las seis, tuve que darme una ducha fría, salir rápido de casa sin ni siquiera despedirme de Raul. Antes de que venga a casa le llamaré, necesito oír su voz. Creo...
El otoño nos invade con sus extrañas costumbres. Nos trae el cielo gris con molestas lluvias. El atrayente sol aparece un día si y quizás otro también . Las hojas dejan de ser parte de sus dueños, magistrales árboles que se elevan hacia el cielo, formando en el suelo un manto seco, de secas hojas.
El primer día de esta estación, que dura tan poco dejándonos un halo de ruidoso silencio, aparece nuestro Ángel. Con sus ojitos negros enciende la luz que el otoño nos esconde. Con sus manitas coloca las hojas que se caen de los árboles.
Cuando ríe se nos despierta el sentido y el aire fresco recorre nuestro cuerpo poniéndonos la piel de gallina y sonreímos con ella.
Sus primeros pasos son dudosos pero firmes, cogemos sus manos y caminamos a su lado, deseando hacerlo siempre.
El otoño aparece tan pronto como se va, pero nosotros nos quedamos con nuestro Ángel.
Llego a casa después de una noche dura de guardia. Un accidente de tráfico en el que se han visto implicados cuatro coches nos ha dado más de un disgusto.
Cuatro víctimas y tres heridos graves ha sido el desenlace de una noche caótica. Todos corriendo de un lado a otro intentando por todos los medios, salvar cuantas más vidas posibles.
Terminé rendida, deseando llegar a casa y pegarme una hora en la ducha, para que el agua caliente acaricie mi piel curtida por la desolación y la tristeza. Quiero que el agua se lleve toda esa angustia por el desagüe.
Entro en casa y Raúl está despierto, andando deprisa de un lado del salón al otro, menos mal que no es muy grande. Me asusto. El al verme corre hacia mí, con la cara desencajada, me asusto más aún.
Me abraza y me dice que me quiere. Me entran los siete males, algo no marcha bien.
Nos sentamos en el sofá, expreso deseo de él, yo quiero darme una duchita bien caliente. Tiene que hablar conmigo. Empiezo a temblar. La conversación empieza mal, termina mucho peor.
Siento que lo que escucho no va conmigo ni con él, no puede ser verdad, la cabeza me estalla y el estómago se me revuelve. No puedo perder los nervios, tengo que terminar de escucharle, para poder creer lo que está diciendo, después le mataré.
Inevitablemente, pierdo los nervios no puedo seguir escuchando más, me levanto, le miro a los ojos que quiero, que me desvelan que él también me quiere a mi, pero no digo nada, porque no puedo.
Quiero odiarle, estoy rabiosa, me retiro de su lado, tengo que controlar esta ira que me remueve las entrañas.
Entonces cuento hasta diez, respirando profundo, intento tranquilizar el alma. La decepción se ha apoderado de mi. Lo único que me sale es llorar y eso es lo que hago.
Se levanta y me abraza yo le aparto de un empujón. Dice que ha sido un error, que no volverá a pasar. Vuelve a repetir que fue ella quien le besó. Me tapo los oídos, llorando, humillada, cabreada...
Cuando logro tranquilizarme en la medida de lo posible, intento no mirarle, para no verle los ojos, esos ojos que quiero y que me desvelan que él también a mi. Mi voz temblorosa, le dice que se vaya, ahora necesito estar sola, pensar.
Noto que se levanta dejando un halo de perfume revoloteando por el comedor y un lo siento apuñalando mis oídos. Oigo que abre la puerta y se va, el silencio invade mi casa. Ahora podré ducharme y el agua caliente se llevará por el desagüe mas que tristeza por vidas que se han ido, también se irá por el desagüe, toda mi confianza por el hombre al que amo.
Se que puedo perdonarle pero me pregunto: Podré olvidar??